Mujer, negra, lesbiana, madre y diosa

publicado en: Entrevistas, Te lo digo bajito | 0

Conocí a Malena de forma casual en Sevilla, un día mientras hacía otras entrevistas.  Cuando le pregunté de manera informal acerca de su vida, ella bajó la mirada y me susurró algo muy bajito, casi sin voz. Era un secreto que no se atrevía a articular: lo llamaba “su condición”.

Malena está en España porque en su país no puede ser quien es. Esa “condición” de la que ella habla le ha costado un alto precio, y lo supe en ese preciso momento porque aun llevando varios años en España, donde es legal el matrimonio homosexual, ella no se atrevía tan siquiera a pronunciarlo, no sin antes mirar hacia un lado y al otro, aunque no hubiera nadie más en la sala.

Las cosas han cambiado desde aquel primer encuentro, pero incluso un año más tarde, cuando ella me concede esta entrevista, prefiere permanecer en el anonimato por un sencillo motivo, el mismo por el cual nunca se decidió a pedir asilo, aun teniendo motivos de sobra para hacerlo:

-Amo a mi país y me gustaría volver.

Este país es Haití, y allí Malena nunca pudo expresar la verdad de sí misma, aunque era una verdad a voces:

-Siempre lo he tenido muy claro. Me reconocí temprano. Cuando era pequeña no me gustaba nada jugar con muñecos bebé. Si jugábamos a papás y mamás, siempre prefería ser papá –recuerda entre risas -. Con diez años me enamoré de una chica de mi colegio. Ninguna de las dos sabía lo que era aquello, pero era muy bonito… Por supuesto no había nada físico, ni siquiera besos, ¡no nos atrevíamos ni a mirarnos a los ojos! Nos escribíamos cartas de amor. Luego ella cambió de colegio y la vida nos separó.

En Haití, el matrimonio entre personas del mismo sexo nunca ha estado reconocido legalmente, y desde 2017, estas uniones están además penalizadas por ley con condenas que van desde multas económicas hasta prisión. Una de estas medidas es, por ejemplo, la denegación del llamado  “certificado de buena vida y moral”, un documento necesario para poder trabajar o viajar.

Esto no siempre ha sido así , en la época precolonial los indios reconocían hasta cinco tipos de unión.

Hasta la llegada de los europeos a América del Norte, las tribus nativas no concebían los roles de género como una categoría rígida, y a las personas que mostraban características tanto «masculinas» como «femeninas» se les percibía como dotadas de dones por la naturaleza, ya que eran capaces de entender las dos caras de todo.

-Mi madre siempre supo que yo era lesbiana, pero es algo de lo que no se puede hablar en mi país. A las personas homosexuales allí se las aparta, su propia familia les hace el vacío. Se quedan solas. Dicen que la homosexualidad es cosa de blancos y de satánicos -se ríe-. Tan sólo en carnaval parece aceptado que los travestis y transexuales se disfracen y salgan a desfilar, es el único momento del año en el que pueden ser algo parecido a lo que son. Por supuesto, sólo los hombres… ¡Las mujeres ni hablar!

En el mundo, hay actualmente 70 países que penalizan por ley a las personas LGTB, en 11 de ellos hasta con pena de muerte, según datos de CEAR, y entre 2008 y 2016, se han reconocido oficialmente más de 2.200 asesinatos de personas transgénero, según el proyecto TvT.

-“Tú tienes que tener un novio”. Esto me lo repetían constantemente. Yo les decía: “A mí no me interesan los novios”, pero insistían: “búscate uno amable y lindo de tu clase”.

Así que tras mucha insistencia lo hizo, y Malena tuvo un novio durante dos años.

-¡Sin hacer nada con él, por supuesto! –dice riendo-, porque estaba bien visto que tuviera un novio, ¡pero nada de relaciones! Con  16 años sabía que una amiga mía estaba enamorada de mí pero nunca pude decir nada… 

Malena me cuenta que su sueño siempre fue ser jueza y luchar por los más desfavorecidos, así que a sus 19 años recién cumplidos comenzó la carrera de derecho.

-Por aquellos días una amiga mía tuvo un bebé y me propuso ser su madrina. Fui a visitarlas al hospital. Recuerdo estar sentada junto a ella en la camilla, pensando en nombres para el niño. Noté algo extraño en ella. Pocos días después me comunicaron que mi amiga había fallecido por complicaciones derivadas del parto.

A esa inesperada noticia le siguió otra que transformaría su vida para siempre: su familia decidió que ella se quedaría con el bebé.

-Mi propia familia me impuso esa decisión para tapar los rumores que había sobre mí por mi condición sexual. Yo tenía 19 años y estaba estudiando, ¡no estaba emocionalmente preparada para criar a un niño! Tampoco tenía recursos. Pero el padre del bebé tampoco lo reconoció y lo abandonó. Así que él tampoco tenía a nadie más, sólo a mí.

De pronto sólo se tenían el uno al otro. Sin conocerse, sin elegirse. Solos frente al mundo. De la noche a la mañana, Malena se ve en una situación desesperada. Tenía que mentir y emplear el dinero que un familiar le daba para estudiar en cuidar de su hijo Leo. Apenas le llegaba para las marcas de leche más baratas.

– Mi hijo se puso muy enfermo por desnutrición. Finalmente tuve que dejar de estudiar y ponerme a trabajar para poder mantenerle. Él siempre se siente culpable por esto…

A pesar de tener tanto en contra, Malena y Leo siguieron dibujando su propia estela en un camino complicado. Pasaron los años y luego hubo muchos días felices. Casi todos. Malena se enamoró de una mujer que aún hoy, en la distancia de muchos kilómetros y muchos años, le ilumina el rostro como un destello al hablar de ella. Me enseña una foto en blanco y negro, donde están muy jovencitas, abrazadas con Leo en el centro, riendo los tres en un triángulo perfecto.

-Fuimos felices los tres por un tiempo, pero siempre escondidos. Pero después, por las sospechas y amenazas que recibí de su familia me tuve que marchar…

La luz de su rostro se va. Y yo ya no me atrevo a preguntar más. Malena me enseña también algunas fotos de su hijo, que ya es un hombre, de sonrisa hermosa y mirada inteligente. El amor que se tienen se desprende en cada palabra y gesto de ella aunque no estén juntos. Esperan con anhelo el momento de volverse a ver, pero no es fácil. De momento Malena no puede volver a su país, no sería seguro para ella.  Aquí en España se gana la vida como puede. Nunca llegó a terminar la carrera de derecho pero siguió con su empeño de alzar la voz por los más débiles.

-Un amigo me advirtió: “Cuidado, alguien de tu condición no puede hablar en este país”. Y tenía razón. Allí si no te callas te quitan de en medio, y yo resultaba incómoda.

En Haití el aumento de la represión hacia el colectivo LGTBI está relacionado con el auge de movimientos religiosos y conservadores. Es un país en el que conviven la religión católica, protestante y el vudú.

-En mi país existe un sincretismo muy fuerte, que tiene su origen en parte por la colonización y por los africanos que vinieron. La religión mayoritaria es el vudú, y algunas de las tradiciones son disfrazadas por otras protestantes o católicas, a veces la gente coloca en su casa una virgen blanca pero en realidad es otra cosa…

Me doy cuenta de que el escalofrío habitual que sentimos por aquí al hablar de rituales vudú parece una sensación totalmente opuesta a la que refleja la mirada nostálgica y tranquila de Malena. Para ella hablar de esto es hablar de su infancia, de su cultura… No hay un ápice de miedo en su expresión.

-De mi infancia tengo recuerdos de ceremonias con mucha gente. Recuerdo que una vez de pequeña me desmayé y me caí al suelo. Unas personas me cogieron y me llevaron a la fuente del pueblo a lavarme la cabeza. El ritual de lavar la cabeza a alguien en una fuente de agua natural sirve para amansar al espíritu y evitar que entres en trance, -explica-. No está bien visto entrar en trance en lugares públicos. Recuerdo ceremonias en las que se bañaba a un cerdo, se le perfumaba y se presentaba en sacrificio. Ofrecer sacrificios a los espíritus es muy habitual allí, incluso sacrificios personales.

Ante mi expresión de asombro sonríe y me aclara:

-No es un sacrificio en sentido literal, sino más bien simbólico. Se cree que el espíritu te elige para seguir un determinado ciclo. Es algo parecido al destino.

Malena me cuenta que su abuela materna era cubana y practicante de vudú y su abuela paterna vivió durante mucho tiempo en Estados Unidos, pero volvió a Haití cuando sintió que la fecha de su muerte estaba cerca.

-A cierta edad se hace la ceremonia del lavado de manos, a partir de la cual te retiras pero para que un hijo o nieto te suceda. Conocí a mi abuela paterna con seis años, cuando llegó de los Estados Unidos. Recuerdo perfectamente aquel día: me sentó sobre sus piernas y me regaló las galletas que le habían dado en el avión. Siempre tenía que darle algo a cada nieto. A veces se confundía y nos cambiaba los nombres, llamaba a uno y decía dos o tres nombres de los demás hasta que acertaba.

Me sorprendo recordando a mi abuela hacer exactamente eso mismo, le pregunto si serán iguales todas las abuelas del planeta…

-¡Pues creo que sí! –reímos-, ella nos quería tal como éramos.

Le pregunto qué opina su religión de la homosexualidad.

-En mi religión, todas las personas desde que son concebidas tienen un espíritu protector, mujer u hombre. Mi espíritu protector es Dantor, una diosa lesbiana y negra.

Quedo intrigada y más tarde en casa indago un poco más sobre esta diosa. Encuentro un artículo de Kittredge Cherry sobre la madonna negra y Erzulie Dantor, “que ama ferozmente y defiende a las mujeres y niños, especialmente a las lesbianas y madres solteras”. Y otro extenso artículo de Ares Cronida que la describe como loa vudú “Erzulie D’en Tort = Erzulie de los Errores; quien protege a las mujeres y los niños, a menudo representada como una mujer negra, llena de cicatrices y de grandes pechos, con un niño en sus brazos al que protege ferozmente”.

En mi mente de pronto resuena una conexión antigua y cierta como de otro mundo: La madonna negra es Malena con su niño en brazos. Mujer, negra, lesbiana, madre y diosa.

Y me gustaría articular para ella una realidad alternativa en la que las fotos más bonitas no tuvieran que esconderse. Donde la tierra, los rostros y aromas que ama desde niña no fueran un campo de batalla contra la mujer que es ahora. Una realidad en la que pudiera hablar y amar libremente, en voz alta y a corazón abierto, sin condiciones.

Nota de la autora: Los nombres de esta historia están modificados para preservar la identidad de sus protagonistas. Ojalá no tuviera que ser así. Todos los hechos son reales.

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