¿Juguetes de usar y tirar?

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Claudia y Elmo

Desde que en mi casa habitan «dos locos bajitos» como diría Serrat, hemos vuelto a descubrir el placer de jugar. A menudo vuelven ahora a mi memoria juguetes de mi infancia que ocupaban un lugar muy importante en mi particular escenario vital, con ellos compartía muchas horas de abstracción total y en cierta manera cada uno tenía su propia alma (sí, yo también lloré con Toy Story 3…). Algunos han sido rescatados del desván de la casa de la «abu» y siguen por aquí, en una segunda edad de oro inesperada para ellos. Me encanta comprobar de qué manera mis hijos los «reinterpretan» en su particular manera, tan diferente en cada edad y carácter. A otros muchos les perdí la pista, pero aún los recuerdo con cierta nostalgia. Y es que no es lo mismo el juguete para el adulto que para el niño. Para el niño el juguete es como un ente fantástico que de pronto surge de cualquier lugar y se convierte en aliado. Puede ser cualquier cosa: desde un muñeco perfecto y detallado a un camión magullado sin ruedas o el tapón colorido de una botella que rodó detrás de un mueble sin que nadie lo notara. Todo es potencialmente útil para la magia infantil y tan pronto cobran vida como vuelven a quedar inertes en el torbellino de la espontánea creatividad del juego libre.

Y sabiendo que un niño puede jugar con casi cualquier cosa -a veces incluso imaginarias-, hay que ser muy valiente, inteligente y responsable para convertirse en «fabricante de juguetes».

Cuando era pequeña poco me importaba que mi muñeca fuera una Barbie «de las buenas», una del «todo a cien» o que le faltara un brazo y «tuviera pupa» -la mente infantil convierte los inconvenientes en oportunidades- . Tampoco hacía distinciones entre tamaños, especies o tipos de juguete: mi hermano pequeño y yo hacíamos convivir en perfecta armonía a Barbie, He-Man, dinosaurios a diferente escala, peluches, piezas perdidas de juegos de mesa o recortables… todo ello resultaba en un universo variopinto y daliliano, irrepetible en cualquier caso.

Era una época en la que nuestros padres sabían que había «juguetes buenos» (los de marca, que eran más caros) o los juguetes de «los 20 duros», que nos podían hacer un apaño pero que estaban sentenciados a durar muy poquito (salvo sorprendentes y contadas excepciones). Pero ahora que la adulta soy yo, me doy cuenta de que las reglas han cambiado: nos están engañando a nosotros y lo que es peor, también a nuestros hijos. En mi casa no estamos comprando juguetes continuamente ni mucho menos. Heredamos muchísimos de los primos mayores e incluso más antiguos, de papá y mamá, y es algo que os animo a hacer, tanto con los juguetes como con la ropa, porque la mayoría de las veces hay cosas que siguen en perfecto estado y es una tregua que le damos al planeta, que no necesita tantas toneladas de basura.

Pero cuando tengo que comprar juguetes, en ocasiones como Navidades y cumpleaños propios o ajenos, me propongo siempre comprar juguetes de forma planificada, consciente y responsable: creo que todavía no lo he conseguido ni una vez. Al final siempre vamos a la carrera, el último día, buscando lo único que gracias al gran Murphy está agotado en toda la provincia. Terminamos muchas veces apostando por ir «a lo seguro»: un juguete bueno, de los de grandes almacenes y marca conocida. Y he aquí que, cuando asistimos expectantes a la apertura del juguete en casa, nos encontramos en estado de shock al descubrir lo que nos han vendido a precio de oro… Lo primero que notas y que ya te hace sospechar que algo no va bien es el peso cuando los sacas de la caja y quitas todas las cintas y bloques de poliuretano: Demasiado ligero ¡está hueco! Corroboras efectivamente que el plástico, si lo hubieran puesto más fino, sería transparente. La segunda pista del timo es que lo que veías en la foto, colorido y vistoso, es en realidad una pieza lisa de plástico inanimada y genérica. Toda la personalidad del juguete reside en unas pegatinas que tienes que poner tú y que se desprenden en pocos días. Y digo yo… ¿estos son los juguetes buenos? Porque busco en la parte de atrás del envase (tarde, como siempre) y veo Made in China. Si hubiera querido eso lo habría comprado en el chino de mi barrio por un precio diez veces menor, pero no era mi intención. Y te das cuenta de que, si no estás bien alerta, terminarás pagando una fortuna por juguetes de ínfima calidad, hechos con materiales poco fiables y probablemente en condiciones poco o nada justas para las personas que los hacen.juguetes-navidad-china-6

Esto no es algo nuevo, pero me parece que ahora más que nunca impera el «todo vale»: Empieza a ser la tónica habitual encontrar juguetes de muy mala calidad en envoltorios llamativos y con un marketing detrás más propio de Philip Morris que de una marca destinada al pequeño público. No sé si os habéis percatado, pero hay series de dibujos animados creadas claramente para después vender el merchandising y no al contrario, que sería lo más lógico. Creo que los niños no deberían ser un sujeto tan vulnerable y expuesto a las técnicas desleales de venta y consumo, no al menos si el producto es de calidad tan ínfima.

No tengo nada en contra del buen marketing, ni de los personajes populares, ya que cada generación recuerda los suyos con cariño: probablemente Peppa Pig o Bob Esponja serán para mis hijos lo que para mí fueron Los Aurones o El Cuentacuentos -los nuestros molaban más- A mí lo que me saca de mis casillas es que, detrás de todo ello haya casi siempre un producto tan malo. Estamos hablando de juguetes de «usar y tirar» y en mi casa eso es imposible porque inculcamos el amor por los juguetes y el juego. Si a mi hijo se le rompe un juguete no me dice que lo tire a la basura, es más, me mirará con terror si le propongo tal cosa. Los juguetes aquí se arreglan, lo que se rompe se repara y lo que se daña se cura. Tenemos libros con páginas que aguantan cinco capas de cinta adhesiva, una sobre otra, o que tienen sus tapas pendiendo de un hilo. Porque son libros y juguetes que han sido disfrutados, manipulados y vividos una y mil veces, algunos durante varias generaciones. Y un libro no se tira, un juguete no se tira. En mi hogar las cosas de valor no son basura. Pero a veces no me ha quedado más remedio, y he tenido que hacerlo a escondidas o por la noche, porque me han vendido una estafa que además es peligrosa para mis hijos. También he visto niños a los que no se les permite jugar con muchos de sus juguetes o libros para que «no los estropeen», pero para mí eso es absurdo, sería como darles a oler una fruta y no dejarles probarla.

Un juguete, por definición, no puede estar hecho para usar y tirar, sino para resistir toda la fuerza, energía y pasión de un niño a lo largo de los años. Ya lo decía Víctor Hugo: «Cuando el niño destroza su juguete, parece que anda buscándole el alma».

No hace falta ni comprar mucho (casi nada, en realidad) ni gastar mucho tampoco, tan sólo abrir los ojos a nuestro alrededor, ser un poco más conscientes. Mis hijos pueden jugar con lo que quieran: ellos no entienden ni de precios, ni de marcas, ni de sexismo, ni de lo que se lleva o lo que no. Aquí no se discrimina ningún juguete (ley vigente desde los 80 en mi familia) pero como siempre hay que intentar remar hacia delante si las mareas lo permiten, he empezado a investigar e interesarme por otro tipo de juguetes cuyas marcas no son tan conocidas ni tan «mainstream» pero que son fieles a los valores del niño: juguetes que no son de «usar y tirar», respetuosos con el medio ambiente o que llaman a una creatividad genuina que deja que el niño sea dueño de su propio juego y no víctima de las modas o la publicidad desleal. Por eso hoy inauguro una nueva sección del blog en la que compartiré con vosotros ideas que me parecen buenas y, sobre todo, que le parecen buenas a mis hijos.

NUEVA SECCIÓN Y PROMOCIÓN ESPECIAL PARA LOS LECTORES DE ESTE BLOG

Inauguro pues esta sección de cosas que me inspiran con una noticia que me hace una ilusión especial. Y es que lo bueno de hacer las cosas con cariño es que te llevas siempre sorpresas lindas e inesperadas: ¿Conocéis Mimitos? Es una tienda dedicada a la crianza respetuosa, natural y consciente de Cádiz, gestionada con mucho esfuerzo y cariño por tres mamás estupendas que apuestan por ofrecer al mundo aquello en lo que creen. Pues bien, estas mujeres maravillosas han decidido aplicar un descuento del 20% en todos los juguetes de Plan Toys a los lectores de este blog. Si no los conocéis os cuento un poco: éste es un ejemplo de marcas «alternativas» de juguetes de las que os hablaba. Los Plan Toys son famosos en todo el mundo porque defienden el valor del juego sostenible y respeto por la naturaleza. Están hechos de madera reciclada de alta calidad que resiste golpes, babas, aventuras y juego incansable. Estos juguetes no están tratados con productos químicos, para pegar utilizan una cola libre de emisiones desarrollada por ellos mismos y para pintar usan pinturas de base agua, libre de metales y no tóxicas. Son ideales sobre todo para los más pequeños que lo chupan absolutamente todo.plan toys colage

 

Encontrar juguetes así es un verdadero soplo de aire fresco después de los mil desengaños sufridos últimamente pero, como es condición indispensable de este blog, antes de nada han tenido que pasar el test de calidad más exigente: el de mis hijos. El sujeto de pruebas elegido fueron las cañitas de pescar, el estanque de tela y los pececitos de colores. Son piezas sólidas, suaves y de un colorido no estridente, sino muy orgánico. Sin duda, las figuras insinuadas son una llave mucho más directa a la imaginación. El tacto ya de por sí es estimulante para los sentidos: madera, tela, cuerda… mucho más interesantes que el plástico fino.

peces colage

Resultado: Una tarde de pesca que incluyó lanzamientos de largo alcance, pelea de cañas, peces voladores, «pescaito al horno» y «picnic di mare» en el suelo del salón. Ni un rasguño y vuelta a empezar. Es a lo que yo llamo juguetes de verdad.

Muchas gracias a mis amigas de Mimitos por este detallazo. Para que os hagan el descuento sólo tenéis que enseñar en la tienda el email que os llega automáticamente al suscribiros al blog. Si no sois de Cádiz podéis poneros en contacto con ellas a través de facebook  o por teléfono en el 856 07 84 76 y estarán encantadas de atenderos y ofreceros la posibilidad de un envío a cualquier punto de España. 

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Otras entradas sobre juguetes: La Minnie poseída, el muñeco doctor y zapatos que pican

  1. Reyes

    Cada juguete es unico para el jugador….yo he conseguido comprar juguetes bajo planificacion para newen y ha heredado los mios!!!

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