Bata blanca y cerebro estrecho

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anatomia-femeninaA lo largo de nuestra historia siempre ha habido hombres muy sabios de bata blanca y cerebro estrecho que han querido teorizar, medir, cortar, modificar y sobre todo CONTROLAR todo lo relacionado con el pecaminoso y enigmático cuerpo de la mujer.
Estos señores han divagado, con una imaginación para nada desdeñable, sobre nuestra anatomía, nuestros ciclos, nuestra sexualidad, nuestra menstruación, nuestros órganos…
Se nos ha querido adiestrar para pensar que nuestra sexualidad gire en torno a satisfacer a un falo, se nos ha querido convencer de que nuestro cuerpo es feo de por sí, y que necesita de un sin fin de cosméticos, cirugía y complementos para hacerlo “menos feo”. Se nos ha querido “ayudar” a ocultar el “desagradable” olor de nuestros fluidos naturales, a ignorar nuestros ciclos o suprimirlos directamente con tratamientos hormonales.

En determinado momento de la historia, algunos señores de bata blanca y cerebro estrecho decidieron que las mujeres tampoco sabíamos parir, y que necesitábamos ser inmovilizadas, sedadas, sondadas, trinchadas y cosidas. También llegaron a convencernos de que no podíamos alimentar a nuestros bebés, que la leche que manaba de nuestro cuerpo era “mala”, “insuficiente”, “sin alimento”, un “vicio”, mucho peor en cualquier caso que aquella fórmula de leche de vaca modificada en forma de polvos mágicos, muy superior a la nuestra, cómo no. Al borde de la extinción estábamos todos antes de que llegaran ustedes.

A las mujeres hay que atarnos en corto, que si no un día llegamos y nos ponemos a crear vida y a alimentar gratis, con total impunidad.
Afortunadamente, la evidencia científica ha ido dejando atrás todas las teorías absurdas e insultantes sobre nuestro cuerpo. No ha sido un camino fácil ni tampoco queda tan lejos como pensamos. En 1920 aún se publicaban en Alemania estudios científicos sobre la “toxicidad de la mujer menstruante”. En 1970, sin ir más lejos, las mujeres menstruantes no podían donar sangre. Todavía hay por ahí monolitos pediátricos que nos permiten usar nuestras tetas cada tres horas y sólo diez minutos cada una (y mucho es).
A ver, cómo decirlo para que quede claro por fin: Señores de bata blanca y cerebro estrecho, dejad de meter las narices en nuestro cuerpo, en nuestro sexo, en nuestras tetas y en nuestra vida.
Señor JM, a mis hijos los he gestado yo, parido yo y los he amamantado hasta que han querido ellos y he querido yo. Si no hubiera podido hacerlo habría recurrido a lactancia artificial, que para eso está. Porque quiero a mis hijos por encima de todas las cosas y porque jamás permitiría que un hijo mío pasara hambre. Ni yo ni ninguna madre. Según Unicef la lactancia exclusiva salva anualmente las vidas de seis millones de bebés en nuestro planeta. Cómo se cuida usted de acotar en su libro que se destete “en países desarrollados”, que es donde al parecer podemos las madres permitirnos pagar dinero por nuestra incurable incapacidad para alimentar a nuestras crías.
Señor JM, las mujeres que amamantamos no creamos dogmatismos, solamente ejercemos un derecho biológico y vital. Simplemente somos, respiramos, estamos (vivas), lactamos. Nuestro cuerpo es así de sorprendente.
Señor JM, nosotras no creamos trincheras. Nosotras tendemos la mano desinteresadamente a otras mujeres y las animamos a empoderarse, a respetarse y a aceptarse en la magnífica amplitud que abarca la sexualidad femenina, repetidamente vilipendiada por seres obtusos con pene como usted. Desde que empecé a ayudar a otras madres en el grupo de apoyo a la lactancia no he hecho otra cosa que conocer mujeres maravillosas, de toda clase, ideología y mentalidad. Mujeres generosas, sabias, con una capacidad para empatizar y respetar indescriptibles. También muchos hombres. Llevando el concepto de tribu a una dimensión que usted sería incapaz de comprender.
Señor JM, el cuerpo de la mujer no es pecaminoso. No pervertimos a los niños con nuestros ominosos senos de Eva, moldeando pequeños Edipos que desean sexualmente a sus madres y odian a sus padres. Le invito a darse una vuelta por cualquier hogar y comprobar la realidad. No le haría mal.
Señor JM usted como profesional de la salud debería velar por la transmisión de una información veraz y acorde con la evidencia científica y recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Porque llevar bata blanca le otorga poder, y el poder conlleva responsabilidad. Y hay muchas mujeres que pueden creerse lo que usted dice porque usted es pediatra, y esto hará que ocurran dos cosas: que usted se lucre con el dinero que esta madre ha pagado por su libro (al que como ve no pienso dar publicidad) y que se lucre también la marca de productos alimenticios infantiles que esta madre decida comprar para sustituir las deficiencias de su defectuoso cuerpo. ¿Dónde está el beneficio para la salud de la madre? ¿Dónde está el beneficio para la salud del bebé? Es verdad, perdone mi ingenuidad, está muy claro que no es ese el tipo de beneficio que le importa a usted…

Si quieres puedes sumarte a esta petición para que las autoridades sanitarias tomen las medidas pertinentes con la publicación de este señor.

Imagen: Anatomía femenina de Leonardo Da vinci. En esta época se afirmaba que la leche materna era sangre menstrual modificada que ascendía del útero a los senos.

2 Respuestas

  1. […] Te lo digo bajito: Bata blanca, cerebro estrecho […]

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