Jazmines

publicado en: Artículos, Te lo digo bajito | 0

En la mesita de noche de mi abuelo había un transistor pequeño, una virgen Inmaculada y un puñado de jazmines.

En cada mesita junto a las camas había uno, para que no nos picaran los mosquitos.

Recuerdo pararme de niña al pie del jazmín junto al aparcamiento de la parroquia a recoger todos los que podía: algunos blancos y nuevos recién posados sobre el asfalto gris, otros más antiguos, con los bordes de los pétalos tiñéndose de marrón.

Entre los que recolectaba del suelo y los que cogía de la planta, llenaba de jazmines la palma de mi mano izquierda pegada al pecho.


Al rato, cuando encontraba a mi madre, le extendía el puño entreabierto lleno de jazmines, aplastados y sudorosos.

El fondo del bolso de mi madre aquellos años tenía un olor característico: una mezcla de cuero, menta del último chicle olvidado, pesetas y pétalos de jazmín machacados.

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